Manejo del dolor en pequeños animales

Actualmente existen muchas evidencias tanto neuroanatómicas como neurofisiológicos de que los animales son capaces de sentir dolor.
Tanto en el hombre como en los animales existen receptores especializados llamados nociceptores que se encargan de recibir y transformar los estímulos dolorosos en señales que llegan hasta el cerebro pasando por la médula espinal, una vez allí estas señales son procesadas e interpretadas generando la sensación de dolor.

¿Qué es el dolor?

Es una experiencia que puede ser sensorial o emocional desagradable asociada a daño tisular real o potencial (IASP).
El dolor es la manifestación clínica más frecuente, sin embargo, su manejo no es lo bastante sencillo como nos gustaría que fuera, dado a que las diferentes causas exigen tratamientos distintos.
Una frase que siempre debemos tener en mente como médicos para poder tratar el dolor de la manera más responsable posible es: “El dolor más fácil de soportar es el ajeno “
En animales siempre debemos antropomorfizar el dolor es decir pensar en cuánto nos dolería a nosotros la situación que está padeciendo y así tratarla de la manera lo más responsable posible.
No es fácil distinguir muchas veces cuando nuestra mascota siente dolor, pero si prestamos atención siempre hay ciertos comportamientos que nos pueden advertir que estamos frente a una situación de dolor:

En Perros por lo general podemos observar:

  • Cambios de comportamiento, el animal se torna por lo general agresivo.
  • Se tiende a aislar (evita saludarte y cualquier tipo de contacto físico)
  • Pérdida de apetito
  • Jadeo o respiración agitada.
  • Temblores
  • Lamidos excesivos de un área en particular
  • Alteración del sueño (tanto dificultad para dormir o también si notamos que nuestra mascota duerme demasiado)
  • En Gatos en cambio:

  • La falta de aseo o marcaje facial
  • Protrusión de la membrana nictitante (vemos una membrana blanca en el ojo)
  • Sialorrea (salivación excesiva, muchas veces el dolor se asocia a problemas en la cavidad oral))
  • Agresividad
  • Vocalización (maullidos frecuentes y diferentes a los habituales y en forma constante)
  • Posturas antiálgicas, es decir posturas que alivien el dolor
  • Deposiciones fuera del arenero.
  • Prolongación de las horas de sueño.
  • En cualquiera de estos casos y que detectes cualquiera de estos signos en tu mascota debes de inmediato acudir a tu Médico Veterinario para que podamos detectar e iniciar el tratamiento adecuado para cada caso.
    Por ningún motivo automedicar a nuestras mascotas, recuerda que no son humanos pequeños y muchas veces su organismo no responde de la misma manera a los distintos fármacos y las dosis habituales que se usan en Medicina Humana, siempre el profesional idóneo debe realizar el diagnóstico y posteriormente prescribir el medicamento adecuado para la patología en su dosis correspondiente ya sea un gato o un perro.

    Autor: Dra Claudia Figueroa, MV
    Clinica Veterinaria Nuestros Hermanos Menores
    [email protected]

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.