Tristeza en animales

Sabemos que nuestras mascotas son seres sociales, emocionales e inquietos, y cada cierto momento nos piden atención. Y esto no es solo excluyente para sus dueños, si tenemos más de una mascota, entre ellos también se pueden pedir atención y cariño.

Ciertas situaciones pueden llevar a nuestras mascotas a pasar momentos de tristeza, y está puede permanecer y volverse un estado duradero en el tiempo, lo que conlleva que lleguen a un posible estado de depresión. Algunas de esas causas de tristeza en animales puede ser alguna enfermedad de base, soledad o aislamiento excesivo, algún cambio importante en su rutina habitual, la perdida repentina de un miembro familiar
(humano o mascota).

Para advertir de forma temprana una posible depresión conozcamos algunos de los signos a los cuales debemos estar atentos:

Aumento o disminución del sueño:

Podemos ver qué nuestra mascota pasa más tiempo durmiendo o lo vemos más somnoliento. Incluso puede ser lo contrario, estar muy inquieto incluso dando vueltas en su cama o cursando con insomnio.

Inapetencia:

Hace referencia al consumo de alimento que tenga nuestra mascota, el cual puede disminuir o desaparecer.

Falta de ganas de hacer cosas:

Vemos qué nuestra mascota ya no tiene las misma energía que tenía antes y ya no nos recibe con la misma alegría.

Comportamientos extraños o repetitivos:

Estos pueden ser como lamerse en exceso, morderse la cola o las patas, moverse de un lado a otro, mostrar agresividad cuando antes no lo hacía, apegarse mucho al dueño.

Vocalizaciones excesivas:

Gemidos, maullido, ladridos.

Aunque nuestra mascota muestre alguno de estos signos, no podemos sólo pensar que es a causa de la tristeza en animales ya que estos signos pueden indicarnos otras enfermedades. Lo importante es que apenas veamos alguno de estos signos, podamos llevar a nuestra mascota a una revisión con el veterinario para poder descartar alguna enfermedad base y de ser así, poder realizar un manejo comportamiento con un médico veterinario etólogo profesional.

Autor: Javiera Andrade, Médico Veterinario, Universidad de Chile

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